dimarts, 16 d’octubre de 2007

La Antártida (I)

-Estás mas perdido que Amundsen, Víctor.

Me callo... pero Amundsen no se perdió, ni tampoco Scott.

* * *

1910. Dos naves se dirigen hacia el continente antártico para conquistar el polo sur (una pura abstracción rodeada de nada), el Fram y el Terranova: Amundsen y Scott.

Amundsen y su equipo coronaron el polo el 14 de diciembre de 1911 (El Fram había llegado a la Antártida en enero del mismo año). Un mes mas tarde llegaron Scott y los suyos, allí encontraron la carta que Amundsen había dejado para atestiguar su llegada en caso que nunca regresaran. Regresaron. No así los hombres de Scott.

Bajo unas condiciones meteorológicas terribles, los hombres de Scott emprenden un regreso imposible. El contramaestre Evans fallece agotado. El capitán Oates pierde la movilidad de una pierna obligando a sus compañeros a llevarlo a cuestas. Consciente de que la único posibilidad para los demás pasa por sacrificarse, Oates decide dejar la tienda el día de su cumpleaños (32), "I am just going outside and may be some time".

El resto es sobradamente conocido: Los cuerpos de Scott, Wilson y Bowers fueron encontrados meses mas tarde a unos kilómetros de un depósito de suministros. Junto a ellos, cartas para sus familias.

“Had we lived I should have had a tale to tell of the hardihood, endurance and courage of my companions which would have stirred the heart of every Englishman. These rough notes and our dead bodies must tell the tale...We shall stick it out to the end, but we are getting weaker of course and the end cannot be far. It seems a pity, but I do not think I can write more. For God's sake, look after our people.” (Diario de Scott).

Puede que la historia mas novelesca de la exploración antártica sea la vivida por la cincuentena de hombres de la tripulación del Endurance, capitaneados por E. Shackleton, que partieron el 8 de agosto de 1914 hacia la Antártida para atravesar el continente a pié.

No pudieron, el Endurance quedó embarrancado en el hielo, cuyos bloques aplastaron el casco y destrozando la nave. La tripulación recogió todo lo que pudiera ser útil. Cincuenta hombres perdidos en otro planeta. Los hombres caminaron hasta tierra firme, pasaron un invierno y luego, en bote, consiguieron llegar hasta una de las islas Shetland (Isla Elefante).

Llegaba un nuevo invierno. Conscientes que había que jugarse el todo por el todo, decidieron construir una pequeña embarcación (el James Caird). Una parte de la tripulación se embarcaría para intentar llegar hasta algún lugar habitado en busca de ayuda. Hay una emocionante fotografía de los hombres que quedan en Isla Elefante despidiendo a los hombres embarcados (dos grupos de hombres condenados).


Frank Hurley (Nat. Library of Australia)


El pequeño James Caird consiguió llegar hasta la Isla Georgia del Sur (donde efectivamente había una base ballenera), en lo que constituye en si mismo un hito de la navegación. Sin embargo, los hombres de Shackleton aún tenían que atravesar a pié una cordillera no cartografiada para llegar a la base. Lo consiguieron.

El resto de la tripulación de Shackleton fue rescatada el 30 de agosto de 1916 por un navío chileno capitaneado por L. Pardo.

TODOS los hombres de Shackleton regresaron a Inglaterra el 29 de mayo de 1917. La “tormenta de acero” de la que hablaba Jünger llevaba tres años rugiendo, y acabaria (en su último año) devorando a muchos de los hombres que Shackleton habia conseguido mantener con vida. Nuevamente, malditas sean las guerras y los que las promueven.

El reportage fotográfico de Frank Hurley se puede consultar íntegro en la página web de la Australian National Library. Un bellísimo testimonio de una de las más increíbles aventuras que la exploración polar nos ha legado.