dilluns, 8 d’octubre de 2007

Borges, Spinoza


En una reciente reseña aparecida en el Babelia del dia 22 de septiembre, Fernando Savater comenta que el Gobierno holandés ha decidido poner en marcha una asignatura en la que se estudiarán algunos sucesos y personajes sin los cuales no se puede entender la actual conformación de Holanda. Entre los personajes escogidos se encuentra el filosofo Spinoza. Transcribo dos fragmentos de la reseña porque Savater lo explica mejor que yo:

“Pues bien, las escuelas cristianas ya se han apresurado a indicar que prefieren configurar su propia lista de celebridades, destinada a evitar que la fe aparezca como "fuente de conflictos". Y por ello proponen suprimir a Spinoza e incluir en cambio el Concilio Vaticano II y la lucha por la libertad de educación (que culmina según ellos en la apertura de centros católicos y protestantes en 1848, los cuales reciben subvenciones estatales desde 1920).

Se trata de un planteamiento revelador precisamente de la ignorancia histórica que se intenta combatir, porque sin la revolución intelectual encabezada por Spinoza y seguida luego por gente casi tan impía como él no se habría llegado a reconocer derechos como la libertad de enseñanza o la de conciencia, que la Iglesia católica no admitió por cierto hasta el mencionado Concilio, ya muy avanzado el siglo XX. Pero indica también algo más, la pervivencia inaudita del odio teológico contra Spinoza, que le hostigó durante toda su vida, profanó su tumba luego con injurias y sigue pataleando contra él, aquí y allá, desde hace más de tres siglos”.

Pienso ahora en Spinoza, cuya familia huyó de España (de Espinosa de los Monteros) hostigada por la inquisición. El filósofo recibió una educación tradicional dentro de la comunidad judía a la que pertenecía. Y por esta misma comunidad judía y por el conjunto de las iglesias cristianas fue duramente combatido.

Hace unos años, el compositor Héctor Meza - heredero en la distancia de Ástor Piazzola-, me hizo llegar la enésima fotocopia del poema, autografiado por Borges en una cuartilla con el membrete de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

Tengo la fotocopia colgada en el despacho, por si alguna vez el gas letal que rodea mis laberintos se volviera respirable, o por lo menos mis manos se volvieran translúcidas. El poema es el siguiente:


SPINOZA

Las translúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.)

Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.

No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.

Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquél que es todas Sus estrellas.



J.L. Borges (Antología poética 1923-1977)
Biblioteca Borges Alianza Editorial.


"Mapa de Aquél que es todas sus estrellas"... pedazo de verso!!

... os dejo soñando benignos laberintos (que también los hay). Dulces sueños, buenas noches.