diumenge, 9 d’octubre de 2016

"Canciones!"


Seguramente había sido la oportunidad de su vida. Conducir la segunda hora del magazine de mañana en La Emisora madre durante el mes de agosto. Hizo circular ante los micrófonos a músicos, actrices, directoras de teatro, responsables de festivales… y hasta, con ayuda de los colaboradores del programa habitual en la filial musical de La Emisora, emitieron un concurso irreverente que generó alguna que otra protesta en la parte más convencional de la audiencia para regocijo del equipo. La oportunidad de su vida? Septiembre lo acogió de regreso a su programa, en aquella hora infecta, con un post-it amarillo que le pareció un bálsamo:

“Canciones!”

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Regresaba al exilio diario en aquella hora infecta huyendo de las noticias. El coche se adentraba en la autopista dejando una estela sónica. Recordó que una vez le afearon la costumbre de escuchar pop en inglés: “sois hijos del imperio”. Se dijo que si, que si. Que aunque más tarde vendrían otras voces, otras lenguas, otras músicas, ellos eran hijos de obreros y sólo tenían los cassettes y las radiofórmulas con las que rellenaban las cintas (no tan) vírgenes. Y también tenían a sus primos. Sólo había algo mejor que escuchar sus cintas, hablar de música con ellos en sus coches. Aquel pop en inglés quizás les hiciera hijos del imperio, pero también era lo que alentaba la evocación, esa forma incipiente de las alas. Y si, desde luego estaba ése párrafo memorable con el que empieza su novela Nick Hornby:  

¿Qué fue primero: la música o la tristeza? ¿Me dio por escuchar música porque estaba triste? ¿O es que estaba triste porque escuchaba música? ¿No te convierten todos esos discos en una persona de tendencia melancólica?  Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza y pérdida (*).

Qué había escuchado ese verano? No, no lo excelso, las canciones. Qué había escuchado ese verano? A José González (con y sin Junip), a León Benavente, a Bon Iver, a Low, a Yo la Tengo, a Daughter, a Sigur Ros… Y claro lo que ponen los chavales portentosos que toleran su presencia en el rocódromo. 

Era una hora infecta, las otras emisoras aullaban el fin del mundo. Sólo estaba empezando el día pero se sentía exhausto, buscó la emisora que un día escucho en el coche de un primo y un tierno caparazón de ruido envolvió el suyo:  Canciones.


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(*) La cita es de 

Nick Hornby
Alta Fidelidad.
Traducción de Miguel Martínez-Lage.
Anagrama, Barcelona 2007.