dijous, 15 d’agost de 2013

A eso me pareció que debía atender. Así quería que fuese mi vida.


Com tantes altres vegades, l'article setmanal de Muñoz Molina - i també la recomanació de la M.R.A.- conté un encert. Com m'agradaria haver-me sentit cridat per una vocació com la que apunta aquest impressionant fragment d'Alice Munro. Atendre a la necessitat d'arrabassar a l'aire els batecs plens de pena, les onades de so cerimoniós, el lament del món.


Pàgina 97.

"Llevaba una hora andando cuando vi un drugstore abierto. Entré y pedí un taza de café. era café recalentado y sabía a medicina, exactamente lo que yo necesitaba. Ya me iba sintiendo más aliviada y entonces empecé a sentirme feliz. Qué felicidad estar sola. Ver en la acera la luz candente del final de la tarde, las hojas incipientes en las ramas de un árbol, sus sombras escasas. Oír al fondo el relato del partido que el camarero escuchaba por la radio. No pensaba en el cuento que escribiría sobre Alfrida –no en ése en particular-, sino en el trabajo que quería hacer, más parecido en mi visión a arrebatarle algo al aire que a construir historias. Los gritos de la multitud me llegaban como grandes latidos llenos de pena. Hermosas olas de sonido ceremonioso con su aprobación y su lamento distantes, casi inhumanos.

Eso quería yo. A eso me pareció que debía atender. Así quería que fuese mi vida.”

Alice Munro
Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio.
Traducció de Marcelo Cohen.
RBA, Barcelona, 2003.