divendres, 14 de setembre de 2012

quizá lo pensaríamos dos veces antes de valorar tan insensiblemente la eficacia por encima de la compasión


La imperiosa necessitat que a la vida política, i a bona part de la opinió publicada, es recuperi un discurs ètic (o si ho preferiu moral) que acompanyi el que se’ns planteja com a decisions estrictament econòmiques; la imperiosa necessitat de recuperació de la política; la imperiosa necessitat d’emancipar-nos del discurs hegemònic que redueix tota decisió pública a una qüestió de benefici o pèrdua. Perquè com diu Tony Judt, aquest mode de pensament no forma part de la condició humana instintiva, sinó que són un “gust adquirit”.

La imperiosa necessitat, doncs, d’emancipació, perquè al cap i a la fi “un cop ens hem permès desobeir de la prova dels beneficis d’un comptable, hem començat a canviar la nostra civilització” (Keynes).

Per això amb el vell record d’aquesta elevada ressenya, em poso a llegir aquest manifest, del que només puc dir que ha fet inútil el meu  hàbit de llegir amb un llapis a la mà: no puc subratllar la pràctica totalitat d’un llibre i, horror, al mateix temps no puc retenir  tot allò que voldria.

Transcric doncs algunes cites de les primeres pàgines:

Pàgina 17

“El estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea no es inherente a la condición humana. Gran parte de lo que hoy nos parece «natural» data de la década de 1980: la obsesión por la creación de riqueza, el culto a la privatización y el sector privado, las crecientes diferencias entre ricos y pobres. Y, sobre todo, la retórica que los acompaña: una admiración acrítica por los mercados no regulados, el desprecio por el sector público, la ilusión del crecimiento infinito.

No podemos seguir viviendo así."

Pàgina 36

“Nos hemos vuelto insensibles a los costes humanos de políticas sociales en apariencia racionales, especialmente cuando se nos dice que contribuirán a la prosperidad general y, de esta forma -implícitamente- a nuestros intereses individuales."

Pàgina 43

“Todos somos beneficiarios de los que nos precedieron, así como de aquellos que cuidarán de nosotros en la vejez o la enfermedad. Todos necesitamos servicios cuyos costes compartimos con nuestros conciudadanos, por muy egoístas que seamos en nuestra vida económica.”

Pàgina 45

“¿Qué nos impide concebir una forma distinta de organizarnos que nos beneficie mutuamente? (…) Nuestra incapacidad es discursiva: simplemente ya no sabemos cómo hablar de  todo esto. Durante los últimos treinta años, cuando nos preguntábamos si debíamos apoyar una política, una propuesta o una iniciativa, nos hemos limitado a las cuestiones de beneficio y pérdida –cuestiones económicas en el sentido más estrecho. Pero ésta no es una condición humana instintiva: es un gusto adquirido.”

Pàgines 47 i 48

“Hemos introducido subrepticiamente un vocabulario pretendidamente «ético» (…) Cuando imponen recortes en las prestaciones sociales, por ejemplo, los legisladores estadounidenses y británicos se enorgullecen de haber sido capaces de tomar «decisiones difíciles»

Los pobres votan en mucha menor proporción que los demás sectores sociales, así que penalizarlos entraña pocos riesgos políticos: ¿eran tan
«difíciles» esas decisiones? Actualmente nos enorgullecemos de ser lo suficientemente duros como para infligir dolor a otros. Si aún estuviera vigente un uso más antiguo, en virtud del cual ser duro consistía en soportar el dolor, no en imponérselo a los demás, quizá lo pensaríamos dos veces antes de valorar tan insensiblemente la eficacia por encima de la compasión.

En ese caso, ¿cómo deberíamos hablar sobre la forma que decidimos organizar nuestras sociedades? En primer lugar, no podemos seguir evaluando nuestro mundo y las decisiones que tomamos en un vacío moral”


Tony Judt
Algo va mal (Ill Fares the Land)
Traducció de Belén Urrutia.
Taurus, Madrid 2011.