dimecres, 24 d’octubre de 2007

La soledad de las máquinas (3)

Un hijo perdido en el supermercado
es la puerta abierta a un miedo atávico,
una angustia cuantificable,
una masa sólida en el estómago.

En su miedo infantil,
mi madre fue raptada de un carro de gitanos,
y yo temo por los extraños mecanismos
que el universo emplea para compensar
sus viejos agravios.

Pero tranquilo, no va a pasar nada,
No va a pasar nada.

La sección de juguetes es un pasillo desierto,
y una policromía estridente.

La voz del tigre es una súplica,
“Me ayudas a encontrar la letra D?”,

pero yo necesito ayuda para encontrar a un niño con un jersey rojo.

“Dame un abrazo, te quiero”...

me sorprendo pensando así en ésta circunstancia,
pero todos estos seres me parecen salidos
de la casa de Sebastian en Blade Runner.

Te encuentro al fin, lloroso
y ofendido
(se que contigo por siempre voy
a sentir miedo).

Nos vamos entre súplicas

“Me ayudas a encontrar la letra D?”
“Dame un abrazo, te quiero”.

Dios mío, dios mío,
que juguetes tan solos.

* * *



Estos poemas forman parte del poemario "Lobishome"